En el mes de julio de 2009, la escritora Chimamanda Adichie ofrece una conferencia titulada 'El peligro de una sola historia' donde cuenta lo importante que son las historias para comprender la realidad de un país o una persona, y cómo la influencia de los poderes y medios de comunicación nos van repitiendo una misma historia hasta que esa se vuelve la única historia. Una única historia plagada de prejuicios, peligrosa e incompleta.
Marruecos es un país sobre el cual solemos ver historias por lo general, desfavorables: inmigración, tráfico ilegal, extremismo religioso, tensiones con Melilla y el Sahara Occidental, o por otro lado historias sobre los placeres de su gastronomía, y la belleza de sus paisajes. No es que estas historias sean inciertas, pero ¿es sólo esto Marruecos?.
Me sitúo en un plano opuesto, casi como en un intento de destruir el Marruecos que todas esas historias han instalado en mi cabeza, dispuesto a descubrir una historia diferente sobre el país, una historia que habla sobre una nueva generación de marroquíes que a través de la palabra y la música luchan contra los dogmas establecidos, contra la represión y abusos estatales, contra la corrupción, el analfabetismo, las desigualdades de la mujer y otros muchos problemas que preocupan a una gran parte de la población. Y todo sin perder de vista sus orígenes y su historia, sintiéndose orgullosos de ser de donde son.
El hip hop en Marruecos es ya una realidad, palpable y solida, una realidad que apuesta por un cambio de mentalidad para seguir adelante. Son miles de jóvenes a lo largo del país que, utilizando las nuevas tecnologías, difunden sus trabajos a través de portales como Raptiviste, una web pionera en la difusión de rap marroquí. Nacida en octubre de 2005 como red social entre grupos para compartir materiales e impresiones y recibiendo en sus inicios hasta 10.000 visitas diarias. Su creador Youssef Amerniss apuesta por un rap contestatario, y en 2008 lanzó un recopilatorio Mamanou3 f’Radio con canciones que las radios han desechado y que tratan esencialmente sobre contenidos políticos.
Es una corriente dinámica y en constante evolución, que parece chocar con esa mentalidad más conservadora y tradicional, no obstante durante estos diez últimos años se han vivido varios episodios como la detención de 14 artistas en 2003, durante la celebración del festival L`Boulevard, el primero en incluir el rap en su programación. Este festival organizado por EAC/L`Boulevard se ha convertido en un referente en cuanto a las nuevas músicas de marruecos se refiere, y sirve como plataforma para las nuevas formaciones emergentes. Cada año miles de seguidores se dan cita para ver a sus artistas preferidos.
Artistas como Amiral, un joven de Salé, que destaca por sus denuncias sociales y por trabajar con los jóvenes del barrio, es un buen ejemplo, no solo produce y graba sus propios trabajos sino que ofrece su espacio, en su casa, para que los más jóvenes puedan grabar y sacar a la luz sus canciones. Otro ejemplo es el de la joven Youssra Oukaf (Soultana) ex miembro de Les Tigresses, a sus 26 años se ha convertido en una de las raperas más conocidas y admiradas del país. Con canciones como Sawt Nssa (la voz de la mujer) donde trata de exponer claramente su posición frente al papel que desempeña la mujer en marruecos, directamente y utilizando la palabra y la música como arma. Mobydick , Az-Flow, Casa Crew, Hablo Mc, Muslim, H-Kayne, Fez City Clan e incluso el popular Bigg, son otros de los muchísimos grupos que desde Tánger a Marrakech utilizan el rap como medio de expresión y reivindicación. La mayoría de los grupos utilizan el Darija en sus letras, un dialecto marroquí del árabe tradicional, porque “si cantamos sobre un tema de la calle, para la gente de la calle, como mejor se explica y se entiende es en el idioma de la calle”, y aunque hoy en día las radios suelen dedicar un pequeño porcentaje al rap marroquí lo que sigue funcionando son las redes sociales, blogs y páginas web especializadas. Donde las canciones están accesibles y viajan en tiempo real de un usuario a otro, así es frecuente ver en algunos barrios como el Maarif en Casablanca, o Salé, a grupos de jóvenes agrupados alrededor de un mp3 escuchando a su rapero favorito, o al pasar a tu lado con el teléfono móvil sonando a todo volumen mientras rapea sobre la canción. El mismo joven, que con un rotulador se dirige hacia una pared y escribe... I will kill you Morocco.





























